Rrrrrrrrrrrrrrrrr ronronea el silencio

Aquellos que seguís La Barquita de madera más de cerca habréis notado un trasiego inusual durante las dos últimas semanas… la no actividad.

Que no haya movimiento no significa que no ocurra nada; igual que el hecho de que haya silencio no implica que no haya música. Los musicoterapeutas sabemos esto muy bien y hemos aprendido a hacer del silencio nuestro maestro, nuestro compañero y nuestro aliado.  Conocemos la ferviente ebullición que se esconde tras una pausa; la potente vibración que alberga la quietud; la inconmensurable sonoridad de unos labios cerrados. Sabemos que son en esos momentos de silencio en los que trabajamos para reponernos, reequilibrarnos, reordenarnos, rehacernos o renacer. Resulta interesante pensar que todas estas acciones implican un volver a hacer, un partir de algo ya adquirido para reconstruir a partir de ello. Ese es, precisamente, el carácter que tiene la “r”.

El fonema “r” se articula a partir de tres elementos: el paladar, la lengua y el aire. Si ponemos atención en este proceso descubriremos que encierra un doble movimiento que describe, en primer lugar, algo parecido a un retroceso que se remonta  a algo ya existente, recogiéndolo y arropándolo para después, empujado por un nuevo impulso, volver de nuevo hacia delante transformado. Imaginemos las olas del mar al romper en la arena. Inmediatamente escucharemos su rítmico ronroneo “Rrrrrrrrrrrrr – rrrrrrrrrrrrr, Rrrrrrrrrrrr – rrrrrrrrrrrr…”. Allí se encuentra la representación visual de este fonema. Allí observamos un primer movimiento de retracción, seguido por un instante de concentración, un impulso y el revoloteo de un nuevo arremeter. ¡Allí tenemos a la “r”!

En los momentos de pausa o silencio descubrimos la misma dinámica. Observamos cómo, de manera suprasensible, retrocedemos sobre nuestros pasos en un gesto de recogimiento y concentración hasta llegar a un punto de inflexión en el que motivados por un nuevo impulso de transformación invertimos el movimiento rehaciéndonos y lanzándonos de nuevo a la vida.

Este es el ritmo natural de la vida; la divina pulsación de la existencia; un secreto de sabiduría universal: la alternancia entre actividad y pausa, concentración  y expansión, luz y oscuridad, sueño y vigilia, vida y muerte…

crecimiento

Esto explica el que tras estos periodos de silencio uno vuelva a la vida como distinto: con fuerzas y energías diferentes, con objetivos y perspectivas nuevas.

Para nosotros, los musicoterapeutas, los periodos de silencio son como tesoros. De hecho, son los momentos de mayor valor terapéutico, ya que es en ellos cuando todo lo trabajado es digerido y transformado para brotar de nuevo a la existencia lleno de plenitud. Y es que, al fin y al cabo, cada periodo de silencio supone una parte esencial en el proceso de crecimiento.

“… ¿Qué es lo musical? Pues ¡justamente lo que no oímos! […] lo que vivenciamos entre las notas sin oírlo es en realidad la música, pues es el aspecto espiritual del asunto, mientras que lo otro es su expresión sensorial…”

Rudolf Steiner

musik2

 

Safe Creative #1406291328363María López Aragón. Berlín, Junio 2014

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